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EL ARTISTA DESPUÉS DE LAS VANGUARDIAS

  • Una crítica al arte contemporáneo

    No podemos desconocer la importancia de las vanguardias. Se han convertido, quizás, en la última revolución de ideas que levantaron los artistas. Nadie puede negar que cuando nacieron los ojos cubistas, la perspectiva del mundo cambió para siempre.

    Pero ¿Qué sucede con el rol del artista actual? ¿Cuál es la revolución que comienza a tejer? ¿Qué viene después de las vanguardias?… Pareciera que todo lo que hoy conocemos como revolución no son más que desesperados intentos reaccionarios. En las redes sociales aparecen críticas hacia un sistema que no nos gusta, pero que nos envuelve en un callejón sin salidas, y así, las inquietudes de la época que vivimos se disipan en medio de un exceso de información, que pasa ante nuestros ojos sin dejar huellas.  Aunque la frase parezca manoseada, los artistas no son más que el reflejo de su época: ¿Podemos hablar hoy de grandes referentes en el arte, sin retroceder una buena cantidad de años?

    Lo que se ha construido en las últimas décadas, son obras mayoritariamente desechables, que están lejos de caracterizarse por su ahistoricidad.  Lo que poseemos en la actualidad, salvo valiosas excepciones, no es más que el intento por extender  lo que una vez fue una gran revolución del arte. Surge, entonces, la necesidad de aguardar desesperadamente el eterno retorno Nietzscheano, y tener fe en que ese arte, capaz de revolucionar el mundo, está esperando su oportunidad para atacar, y  que llegará un día  a despertar las consciencias de una ciudadanía dormida.
    No se trata de política, aún cuando las vanguardias estuvieron ligadas a ella. Se trata de ideas, de ese espíritu crítico que destruye, deconstruye y construye, y que se va anidando con fuerza en el ímpetu de una generación.

    Surge la necesidad de volver a citar a Huidobro: “Hasta ahora no hemos hecho otra cosa que imitar al mundo en sus aspectos, no hemos creado nada“. Y es que, si en épocas pasadas, los artistas imitaron a la naturaleza, hoy imitan a los propios artistas.

    Actualemente, el arte permite una infinidad de lenguajes, y puede masificarse rápidamente gracias a la globalización de los medios de comunicación. Se han extralimitado los conceptos de transfiguración, llegando a la desfiguración. Pareciera que hoy en día, hasta la expresión más casual y poco pensada, resulta ser arte… Somos la Grecia clásica agónica que lanza golpes al aire intentando volver al carnaval dionisíaco.

    Hay un virus silencioso que aprisiona al artista,  lo minimiza y lo deja sin estremecer a su entorno, impidiéndole tomar el protagonismo en la interpretación del sentir humano. Ese virus es el pensamiento postmodernista, aliado implacable del sistema económico, que se entretiene con el intercambio de información desechable, y que se caracteriza por su ausencia de ideas.

     

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    ¿Dónde están los artistas que comprenden que la vanguardia no apunta solo a romper una tradición estética o formal? Vanguardia significa, principalmente, romper las cadenas de la mente humana, significa levantar una bandera donde solo existe caos, ya sea para apaciguarlo o para fomentarlo. La vanguardia es libertad, se desmarca de todo, pero siempre tiene algo que decir.

    En la actualidad, el artista no ha hecho otra cosa que salir del propio arte, convertirse en un objeto más de información irrelevante y comercializable. Atrás quedaron los tiempos en donde el arte se apoderaba de la filosofía de la época, levantaba a los pueblos, enaltecía el espíritu de los hombres y cambiaba la cosmovisión del mundo.