Abrir reproductor en nueva ventana
ESTÁS ESCUCHANDO:
EsRadio.cl
VOLVER A EN VIVO

¿Estamos haciendo sostenible la Sustentabilidad? Un análisis desde la perspectiva de la rentabilidad.

  • La rentabilidad, como concepto asociado históricamente a la economía se ha ido ampliando, de un tiempo a esta parte, a otros ámbitos en los cuáles no estábamos acostumbrados a escucharla. Surgen los conceptos, de la mano del crecimiento del pensar y accionar sustentable, de rentabilidad en ámbitos sociales y medioambientales. Pero, ¿de qué estamos hablando cuando este tipo de conceptos, nuevos en su mayoría para las empresas en general, empiezan a ser tan relevantes y necesarios para el desarrollo sustentable de cualquier empresa? En otras palabras: ¿Qué nivel o grado de importancia le debemos dar a estos dos tipos de rentabilidades para que la sustentabilidad la podamos hacer sostenible?

    Esto lo podemos analizar desde dos visiones, si no contradictorias, al menos contrapuestas.

    Por una parte, existe la idea de que sin rentabilidad económica no puede existir sustentabilidad; es decir, el trabajo en el desarrollo sustentable de la empresa no podría existir sin generar excedentes o ganancias económicas para ésta. En este caso, la ganancia (vista como rentabilidad económica) vendría siendo condición de posibilidad para un trabajo en sustentabilidad medioambiental y social.

    Por otra parte, existe la postura de que la empresa, al ser partícipe de un entorno social, medioambiental y económico, buscando medir los impactos en cada una de estas tres áreas, generará rentabilidad económica (ganancias) que permitirá la continuidad operacional (y con una mayor rentabilidad) en el mediano/largo plazo de la empresa. Es decir, la rentabilidad económica, bajo esta mirada, no es una condición para un desarrollo en políticas y prácticas en sustentabilidad de la empresa, sino más bien es un resultado de la correcta aplicación de una gestión sustentable, en términos de medición de impactos sociales, medioambientales y, claro, económicos.

    Dicho de otra manera: para la primera postura, se debe ganar dinero y, luego de eso, se puede hablar de trabajo en sustentabilidad. Para la otra, el ganar dinero es parte del proceso de ser sustentable (y todo lo que ello implica en términos de un tipo de actitud hacia la búsqueda del beneficio económico). Para unos la ganancia o rentabilidad económica es un fin en sí mismo. Para otros, es un medio que permite la realización de fines. Paradojalmente, la primera manera de pensar, en sí misma, no es sustentable y tampoco es tan rentable (económicamente) como dice ser. ¿Por qué? Porque quien no se preocupa de los otros tipos de rentabilidades está, potencialmente, dejando de generar ingresos para la empresa (o al menos ahorro, que finalmente, son ingresos). La rentabilidad social y la rentabilidad medioambiental dejan excedentes económicos también. Es esto lo que se debe empezar a visualizar en el interior de la empresa y, sobre todo, en los gobiernos corporativos ya que son éstos los llamados a enviar las señales correctas a los colaboradores de la empresa en este sentido.

    Por su parte, la sola rentabilidad económica podría no estar generando rentabilidad social y medioambiental (que como dijimos son potenciales generadores de excedentes económicos para la empresa, y se deben mirar desde esa perspectiva también). En ese caso, ¿se está generando la rentabilidad esperada  y/o potencial? La rentabilidad de la empresa, en este sentido, estaría siendo menor a la que debería ser. De ahí la paradoja de pensar que sin rentabilidad económica no puede haber sustentabilidad. Por lo mismo, la propuesta y el pensamiento deberían ser al revés: sin sustentabilidad real (incluyendo mediciones concretas en términos de rentabilidad ambiental y   social), la rentabilidad económica es menor a la que potencialmente podría ser.

    Por lo tanto, y volviendo al punto inicial para hacer conversar a ambas posturas: la empresa debe ser capaz de ampliar su concepto de rentabilidad y de incluir en la rentabilidad económica, la social y medioambiental (y estas, por supuesto, en la económica). Es decir, se debe cambiar la mirada y observar que tanto la empresa como las personas que trabajan en ella están insertos en sistemas y subsistemas que conviven entre sí y que funcionan de manera inter-dependiente.  Gráficamente lo podríamos visualizar de la siguiente manera, donde la Rentabilidad Total (RT)=Rentabilidad Social (RS) + Rentabilidad MedioAmbiental (RMA)+ Rentabilidad Económica (RE).

     

    Es decir: la rentabilidad total, la famosa última línea, implica tener en cuenta una visión tanto en el ámbito económico como social y medioambiental, a nivel del sistema completo. Y, en términos de subsistemas, la rentabilidad económica implica necesariamente incluir un análisis de rentabilidad medioambiental y social. Lo mismo aplica para la medición de estos dos últimos tipos de rentabilidad.

    Este análisis de la Sustentabilidad desde la perspectiva de la rentabilidad adquiere sentido porque muchas veces, tanto al interior de la empresa como a nivel personal, se tiende a pensar, y aquí creo puede estar el error, de manera lineal, segmentada y por partes, sin ver la totalidad a nivel agregado.  La sustentabilidad (y el mundo) trabajan y funcionan más bien circularmente (basta con ver la forma de nuestro planeta), no tanto en el sentido de la acción (particular), sino más bien en el sentido del sistema como un todo (general). En términos concretos, lo que se está planteando con este análisis, y como lo dijimos más arriba, es que debemos tener la capacidad de visualizar verdaderamente que la ganancia de dinero (como indicador de rentabilidad económica y clave en el desarrollo de la empresa y del país), debe incluir mediciones concretas en términos de rentabilidades medioambientales (impactos en el entorno) y rentabilidades sociales (impactos en las comunidades). Esto, no por el hecho sólo de medir por medir, sino más bien, para ser aún más eficiente económicamente y generar mayor riqueza. Y, a su vez, éstas últimas rentabilidades, trabajar bajo la misma premisa que la primera. Pregúntele a Barrick si esto no le hace sentido…

    ¿Hay que generar riqueza? Por supuesto que hay que hacerlo. A nadie le puede caber duda de aquello. El tema es que la generación de riqueza (dinero) como fin en sí mismo no se sostiene, y no por el hecho de la propia generación de éste, sino porque al no tomar en cuenta las otras potenciales rentabilidades, se deja de lado una posibilidad enorme de, paradojalmente, mayor generación de riqueza. Este es el tema de fondo que debiese ser analizado con mayor ahínco por las empresas, ya no sólo por el hecho de ser mas sustentable (tema en si esencial), sino más bien, por el hecho de que, bajo esta mirada, se estaría dejando de generar mayor riqueza, tanto para accionistas, colaboradores y toda la cadena de valor.

    Finalmente, la rentabilidad vista como esa capacidad de producir o generar un beneficio adicional sobre la inversión, va de la mano con la idea de dejar de hablar por parte de las empresas de la “disminución de los impactos negativos” (como si la empresa estuviese destinada a impactar negativamente). Urge profundamente un cambio en el lenguaje (este crea realidades y mucho más si viene de las personas e instituciones que mueven el país) y, luego en la acción, para  empezar a  hablar de (y exigir) la “creación de impactos positivos”, idea mucho más acorde al concepto de rentabilidad e incluye, necesariamente, el análisis a través de mediciones concretas de los impactos tanto ambientales y sociales también, como medida concreta de la rentabilidad total de una empresa.