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LITERATURA DE OTROS MUNDOS

  • “El mundo real no es suficiente”, declara el escritor norteamericano Paul Auster, destacado por doblarle la mano a un segmento prejuicioso de la crítica literaria, obstinada a pensar que aquellos que disparan las ventas en las librerías, suelen plasmar ideas carentes de profundidad. Reaccionarios intelectuales, pues se dejan desesperanzar por causa de la sociedad postmoderna y su pésimo gusto, y tras descubrir a tipos como Auster, deben darse cabezazos contra la pared. ¡Sí señores! Aún nos quedan salvadores que nos invitan a reflexionar, a crear, a encontrar respuestas y sembrar dudas, a imaginar, y por qué no, a viajar hacia sitios que solamente existen en las líneas.
    La creación de lugares ficticios se ha ganado un importante sitios en la literatura. Y es por ello que le daremos tribuna a una serie de libros que se desarrollan en sitios que nunca aparecerán en el mapa.

    1- Utopía, escrito en 1516 por Tomás Moro – y que seguramente fue un libro con que Karl Marx tuvo orgasmos neuronales – nos narra la historia de una sociedad que habita la pequeña isla de “Utopía”, y que ha alcanzado la felicidad tras despojarse de la propiedad privada. Sin lugar a dudas, una obra maestra de la literatura universal.

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    2- Los viajes de Gulliver, escrita en 1726 por Jonathan Swift, nos narra las aventuras transcurridas por un médico viajero, que llega naufragando a la nación de “Lilliput”, en donde es recibido por pequeños humanos bastante desconfiados.

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    3- Un mundo feliz, novela lanzada en 1932 por Aldous Huxley, la trama se desarrolla en el denominado “Estado Mundial”, y nos entrega la receta de una sociedad futurista que ha logrado erradicar la infelicidad.

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    4- 1984, publicado en 1947. Si se hiciera una lista sobre novelas visionarias en el mundo de la literatura, esta obra escrita por George Orwell, debería tener uno de los primeros lugares. Las acciones transcurren en una futurista localidad denominada “Franja aérea 1”, y nos narra las desventuras de una sociedad secuestrada y abusada por quienes gobiernan el mundo.

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    5. El país de las últimas cosas, publicada en 1985 por el anteriormente señalado Paul Auster. Una novela construida en base de una serie de relatos epistolares, que dan cuenta de un mundo triste, y por momentos absurdo, en que Anna Blume debe sobrevivir, aún cuando la muerte es la oferta más seductora.

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    6. La carretera, escrita en 2006 por Cormac McCarthy. Comentada por ser un éxito de taquilla literario de calidad, y haber sido llevada al cine dos años después por John Hillcoat, quien contrató a Viggo Mortensen para el papel protagónico. Nos cuenta la historia de un padre que hará lo posible por sobrevivir junto a su hijo en una tierra post apocalíptica.

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    ¿Y qué pasa con la literatura Latinoamericana?
    Quizás lo más reconocible es Macondo, la mítica ciudad de Cien años de soledad (1967) en donde se desarrollan las dulzuras y tormentos del clan Buendía, un libro que forma parte del canon literario, y que sirvió de inspiración para levantar los cimientos del Realismo Mágico. Sin embargo, es necesario aclarar que el colombiano Gabriel García Márquez no fue el pionero en escribir narrativa con lugares ficticios en Latinoamérica.
    El Pozo (1939) del escritor Uruguayo Juan Carlos Onetti, nos cuenta las desventuras de Eladio Linacero, quien logra reponerse de su hastío emocional luego de deambular entre sueños por la ficticia ciudad de Santa María. Esta misma localidad es retomada por Onetti en gran parte de su obra, como; La vida breve (1950), El astillero (1960) y Juntacadáveres (1964).

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    Pero el pionero latinoamericano en escribir acerca de lugares ficticios es, nada más ni nada menos, que un chileno. Se trata de Juan Emar, que en su libro Ayer (1934) da vida a San Agustín de Tango, una ciudad que el escritor se atreve a situar en “la República de Chile, sobre el Río Santa Bárbara, a 32 grados de latitud sur y 73 grados de longitud oeste”, pero que no ha sido descubierta aún por ningún explorador. Esta novela nos relata una historia fascinante, repleta de detalles minuciosos y personajes excéntricos, que merecen ser desenterrados del olvido, pues poseen la esencia de su escritor, un vanguardista incomprendido, a quien nunca se le otorgaron los aplausos que merecía, y que decidió enclaustrarse a escribir en la Araucanía porque, de seguro, el mundo real no fue suficiente para él.

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    Por Bianca Ormeño.